No puedo decir que nuestra visita a Naiciña me haya sorprendido. Después de más de treinta años de amistad y colaboración, conozco bien su manera de trabajar, su dedicación y, sobre todo, ese saber hacer que ha convertido a la firma en un referente de profesionalidad.
Sin embargo, esta vez ha sido diferente…
Hemos aprendido a mirar de otra manera algo tan sencillo y cotidiano como una castaña. Esa que tantas veces llega a nuestra mesa y que, hasta ahora, quizá no habíamos imaginado todo lo que guarda detrás.
La familia Areán nos ha abierto las puertas de su casa y de su trabajo y nos ha mostrado el largo camino que recorre cada fruto antes de llegar a nuestras manos. Detrás de una mera castaña hay muchas horas de esfuerzo: la recolección, la selección, la higienización, el calibrado, el cuidado minucioso de cada pieza, el envasado…
Pero el viaje no termina ahí: algunas de estas castañas se transforman en cremas, otras se cuecen, se congelan o se convierten en ese excelente marrón glacé (un producto, por cierto, que por sí solo habla de paciencia, conocimiento y tradición). Cada proceso tiene su secreto y cada secreto, una historia.
Miguel, director general de Castañas Naiciña, nos explica cada uno de esos pasos. Lo hace con la naturalidad de quien ha crecido entre castaños y conoce el oficio, no solo con las manos, sino también con el corazón. Mientras habla, es imposible no percibir la pasión de esta familia por lo que hace. Se nota en los detalles, en el cuidado y en ese cariño que ponen en cada etapa del proceso.
Quizá sea eso lo que más me llevo de esta visita.
A partir de ahora, cuando tenga entre mis manos una castaña Naiciña o Flor do Miño, ya no veré solamente un producto: veré una parte de la terra galega, los bosques de castaños, las manos que recogen su fruto, las horas de trabajo y el conocimiento transmitido de generación en generación.
Sabré que dentro de cada castaña hay también una pequeña parte de una gran familia de trabajadores que ha sabido convertir el esfuerzo, la tradición y el amor por su tierra en algo que puede llegar hasta nuestras mesas.
Y, sobre todo, sabré que gracias a vuestra confianza podemos hacer llegar un producto de gran calidad a nuestros clientes, que podrán encontrar castañas Naiciña en el almacén de Fruits Ràfols y en nuestras paradas del Pabellón G de Mercabarna, de octubre a diciembre.
Gracias, Miguel.
Gracias, Cristina.
Y gracias a toda vuestra familia por habernos dado la oportunidad de compartir y vivir este momento con vosotros.
Habéis construido una gran marca, que lleva consigo mucho más que un producto: esfuerzo, tradición, pasión y el orgullo de una tierra. Gracias por abrirnos las puertas de vuestra casa y permitirnos formar parte, aunque solo sea por unas horas, de ese mundo que con tanto cariño habéis construido.










